El concepto de belleza
- lauugarciasaenz
- Nov 1, 2023
- 2 min read

Nunca me había parado a pensar en lo que era la belleza para mi. Por lo menos no hasta ahora, cuando he comenzado mis estudios en el máster de Comunicación de Moda y Belleza que ofrece Vogue y he cursado la asignatura ‘El concepto de belleza’. Después de varias clases, numerosos debates y comeduras de cabeza me gustaría que mi primera entrada en este blog hablase sobre ello. Lo primero que me hace preguntarme dónde encuentro la belleza es, sin duda, mi entorno. Vivimos en una sociedad capitalista y actuar en base al piloto automático es algo que, inevitablemente, tenemos interiorizado. Cuando alguien se levanta por la mañana, albergado por la rutina, probablemente ya sepa lo que le depara el día y, aunque esto no signifique nada malo, muchas veces nos limita a la comodidad. Sin dejarnos llevar. Sin apenas fluir. Esto me lleva a preguntarme: cuando hacemos las cosas, ¿verdaderamente estamos disfrutando de ellas? ¿Somos nosotros quienes elegimos llevarlas a cabo o simplemente lo hacemos porque es lo que hay que hacer y/o conocemos? En base a esto, Platón, Aristóteles o Darwin fueron algunos de los grandes pensadores que tomaron cartas en el asunto y se atrevieron a hablar para poner sobre la mesa el significado de esta palabra. Para el primero la belleza era una idea suprema; el segundo la define como eso que nos alegra la vista; el tercero la encuentra en el placer de colores, formas y sonidos. Teniendo en cuenta la perspectiva de cada uno de ellos, me atrevo a decir que donde yo encuentro la belleza no es en lo material. Tampoco en lo estético que, aceptado por la sociedad, es normativo. Como Platón, y unido a lo anterior, para mí la belleza va más allá. Coincidiendo con Aristóteles es ese “algo” que nos alegra la vista, pero también debe de animarnos el alma. De acuerdo con Darwin, la encuentro en el placer. Todo esto que parece tan complejo a priori se simplifica en pasar tiempo con mi gente, en estar un rato conmigo misma para conocer(me), en ese café al sol mientras leo un libro, en lo que se siente cuando le das un abrazo a la persona correcta, en el consejo de esa amiga que te escucha, en un atardecer frente al mar o, simplemente, en esa adrenalina que te corroe por dentro cuando sabes que algo que te gusta va a suceder. Está muy bien ceñirse a la idea de que la belleza se reduce a la estética, siempre y cuando tengamos presente que podemos encontrarla en todo aquello que nos hace sentir vivos. Nunca lo olvides y, si alguna vez has sentido algo así, es merecedor de que le llames belleza.



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